
Depois de meses sem publicar nada pela carga de trabalho de edição da revista, provas de final de trimestre, CCC... Bom, a revista tem que sair na primeira semana de dezembro. Enquanto encontro tempo para alimentar o blog, repaso uma entrevista do Coraggio que saiu hoje no jornal Página/12.
Agrego ainda que não só está surgiendo novas formas econômicas, mas também resgatando, protegendo e divulgando formas que sempre existiram, mas eram consideradas inadequadas para o desenvolvimento econômico e social.
–¿Qué opciones ofrece la economía social y solidaria ante la crisis global?
–La economía social es una práctica de construcción consciente de otras formas económicas, más solidarias, eficientes socialmente, que administran y producen no solo riqueza e ingresos, sino que generan otra sociabilidad, otros valores, y resuelven necesidades de manera directa o a través de mercados en los que se reclaman precios justos. Es más, se considera riqueza a la capacidad material y subjetiva de resolver directa o indirectamente las necesidades de todos. Los valores de solidaridad suponen la mutualidad, el hacernos cargo de las necesidades y derechos de otros porque otros se hacen cargo de los nuestros. Las AFJP son la antisolidaridad. La economía social implica otro uso de los recursos, más cooperación, más democracia. Ejemplos son el presupuesto participativo, la autoconstrucción colectiva de vivienda, la producción para el autoconsumo de las comunidades y la pequeña agricultura rural y urbana, la construcción comunitaria de infraestructura en campo y ciudad, las empresas recuperadas, las cooperativas consecuentes con su ideario, la prestación de servicios donde el mercado excluye, las finanzas y las redes de comercio solidarias. Es una economía con sujetos morales, no un mecanismo ciego que justifica la irresponsabilidad por los otros. Y puede producir alta tecnología, como en el caso del software libre. Su característica es que supera la producción individual, motivada por obtener ingresos a como dé lugar, y se desarrolla un compromiso con los demás, mediante el trabajo, la asociación, la participación, el encuentro cara a cara de productores y consumidores. En la Argentina se está malgastando un concepto poderoso asociándolo a políticas de asistencia focalizada en los más pobres, que afirma que “en lugar de dar el pescado se da la caña de pescar” –pero la dieta sigue siendo pescado, y escaso–, donde “social” quiere decir “para los pobres”. En los países que la vienen promoviendo y reconociendo desde hace más de un siglo, la economía social atraviesa la sociedad –como es el caso de Québec–, puede producir múltiples productos con tecnología de punta –como el Complejo Cooperativo de Mondragón, en el País Vasco– y hasta tener sus propias escuelas y universidades. Países como Ecuador, Bolivia y Venezuela ya han tenido Constituyentes que reconocen a la economía social, a la economía popular, comunitaria como parte fundamental de la economía.
–¿Es posible construir otro modelo económico y productivo sin una transformación de las prácticas y condiciones sociales y políticas?
–Una cosa requiere la otra. No se pueden cambiar actitudes, disposiciones, la cultura misma, si no se transforma al mismo tiempo la base material de oportunidades para todos. Para encarnar otra economía están surgiendo sujetos de las múltiples experiencias que se vienen dando en nuestro país y que están invisibilizadas por los medios que responden a las grandes corporaciones económicas. Un indicador de que se está avanzando es que se multiplican los programas de formación para atender a la demanda en todo el territorio: el Ministerio de Educación y varias provincias han impulsado decenas de tecnicaturas en Economía Social. En nuestra maestría ya hemos formado más de noventa profesionales y prácticamente todos están trabajando en esa dirección. Pero el sistema educativo público en su conjunto debería tener una visión transgeneracional, y trabajar sobre el desarrollo completo de las capacidades de personas y grupos para construir otra economía. Si se quieren tener otra economía y otra sociedad en veinte años, es crítico actuar ahora sobre esos procesos de inversión social. El momento está siendo desperdiciado en tanto el sistema educativo vive en la administración de la coyuntura, el corporativismo y la gestión de conflictos que mantiene el statu quo y las malas prácticas.
Entrevista Completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-115202-2008-11-18.html
Foto: minha.